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Nymeria A. H'ghar [Expediente]

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Mensaje por Nymeria A. H'ghar el Miér Jun 19, 2013 9:31 pm







◄Nombre►
Nymeria Allyrion (Se presenta sólo como Nymeria).


Apodo
Nym.


Apellido
H’ghar.


Sexo
Femenino.


Edad
18 años reales y en apariencia.


 
Orientación sexual
Heterosexual.


 
Raza
Dragón (De elemento acuático).


 
Grado
Segundo Curso.


 
Dormitorio
Rojo.
 




Descripción física
Forma Humana
Tiene una complexión tan delgada que a veces parece que se va a partir en dos, mide alrededor de 1’70 cm y, aunque no lo aparente, tiene bastante fuerza. Su piel es pálida, muy blanquecina, lo suficiente para no poder salir de casa sin aplicarse un protector solar; esa palidez resalta su nariz y mejillas sonrojadas. Sus ojos son grandes, muy expresivos y con las pestañas largas; el color de los mismos llega a ser hipnotizador para algunos, ya que poseen un tono entre azul celeste y azul eléctrico. A veces, el color le cambia misteriosamente a una tonalidad café dorada cuando está de un humor extremadamente bueno. Mientras, su cabello es largo y muy liso, además de que a veces lo lleva algo alborotado; el mismo es de color azul pálido, cuyos reflejos son algo blanquecinos.
Cuando no lleva el uniforme de la academia, lleva las primeras ropas que le dieron al llegar a la Tierra. Básicamente es también un uniforme pero más oriental; consiste en una blusa blanca de manga corta, suelta, con un lazo azul rodeándole el cuello y atándose en el pecho –también algo suelto- y una falda azul, lisa, que le alcanza las rodillas.
Siempre lleva el colgante de nyvrio con ella y el de su hermano también.
Forma Humana:
 
Forma de Dragón
Es un dragón de tipo serpiente, es decir, de cuerpo alargado y fino. Su cuerpo está formado por escamas similares al hielo e igual de frías, lo que le da un completo color azul a toda su superficie corporal –variando las tonalidades-. Los ojos se le alargan y empequeñecen un poco, mientras que el color de los mismos toma un color azul pálido en todo el globo ocular incluyendo la esclerótica (Lit. “El blanco de los ojos”). En su forma dragontina carece totalmente de pelaje, sólo abundan las escamas de hielo.
Forma de Dragón (Ignorad a la mujer xD):
 
 



Descripción psicológica
Nymeria es una chica que detesta que la juzguen, ya que ella no se deja llevar por las primeras impresiones que le pueda dar otra persona, quiere que los demás sean igual con ella. En realidad, tiene una personalidad normalita… Con sus virtudes y defectos. Es consciente de que no es perfecta, de que para la perfección queda un camino muy largo y –prácticamente para todo el mundo- es inalcanzable. Tampoco se considera la mejor persona de todas; mantiene su optimismo y autoestima a un nivel muy alto ya que su terqueza le impide deprimirse –a menos que haya pasado algo muy gordo-. Como casi todo el mundo, se muestra cortés y algo cautelosa con los desconocidos; mientras que, con los amigos y conocidos, es más alegre y amable, quizá más espontánea y extrovertida.
El motivo por el que no se considera la mejor persona de todas es, básicamente, porque opina que “la mejor persona” tiene que tener un corazón tan puro que ni pare a pensar en tenerle odio a alguien. Nymeria no es así, es buena pero no hasta llegar a la tontería; suele tenerle cierto recelo a aquellos que han ofendido –de cualquier forma- a sus allegados. Es más, si uno de sus seres queridos corre peligro en manos de otra persona, es capaz de matarla con tal de ayudarlo, independientemente de las consecuencias que eso tenga.
Cuando se encuentra a alguien en problemas o que necesita ayuda, no puede evitar ofrecerse. Podéis llamarlo piedad, lástima, incluso hipocresía… Pero ella se siente mejor ayudando al prójimo si está en problemas, sobre todo porque a ella le ayudaron mucho cuando llegó a la Tierra.
En ocasiones es impulsiva pero, generalmente, prefiere pensar antes de hablar o de actuar. Todo depende de la situación en la que se encuentre. Su prioridad es buscar a Nyváe, suele pedir ayuda a los que más confianza tiene.
No se puede decir que sea rencorosa pero si se enfada, se enfada mucho y muy bien; de manera que, para tranquilizarla o hacerla recapacitar, el susodicho o la susodicha tendría que esforzarse “un poco mucho”. Tiene un carácter fuerte y es terca como una mula, pero también es comprensiva con la gente –y tal vez un poco egoísta para algunas cosas-.
En situaciones que ella considera vergonzosas se queda totalmente en blanco, estática, sin poder pensar ni reaccionar de ninguna forma. Por otra parte, se niega a la mentalidad de “si lloras, eres débil”; para Nymeria, poder llorar incluso frente la gente demuestra una gran valentía, ya que confías tu debilidad en esa gente. Además, cuando una persona llora y se desahoga, al día siguiente es mucho más fuerte. Tampoco le preocupa demostrar su emoción o entusiasmo por alguien o algo; en esas situaciones, dependiendo de qué sea, puede gritar, pegar saltitos, o incluso pegar a alguien por acto reflejo.
Hará lo que sea para cumplir sus objetivos.



Historia
PRÓLOGO
-¡Majestad! ¡Rey Nyzandro! –Exclamaba una joven con ropajes de sirvienta, llevando una especie de bulto envuelto en sábanas entre sus brazos y algo ajetreada.  La doncella corría por los largos y cuidados pasillos del Palacio Imperial, en busca del Rey que gobernaba el mismo.
-¿Qué sucede? ¿Qué motivo existe para armar tanto escándalo? –Preguntó el Rey Nyzandro, un poco malhumorado pero siempre de manera cortés.
-Su Real Majestad, han… Han dejado esto en la puerta. –Explicó la joven, exhausta, depositando en los brazos del Rey aquel envoltorio de sábanas. El Rey Nyzandro, nada más verlo, quedó confuso. –Dejaron esta carta junto a ella, mas aún no la he leído. –Especificó la doncella, entregando la nota en manos del Rey.
-No puede ser…


La carta decía...
Nyz, ambos sabemos que lo que hicimos fue un error. La unión entre un Rey y una plebeya jamás será bien vista por mucho que nos esforcemos, con menos motivo si uno de los dos ya estaba casado… Sin embargo, también somos conscientes de que nada fue por capricho. No me arrepiento de nada, Nyz; ni siquiera de que, de nuestra unión, pudiera crecer algo hermoso. Un bebé; un precioso bebé dragón.
Yo no puedo cuidar de ella y por ello, con grandes esperanzas, te la entrego a ti. Tú eres su padre, su querido padre, sólo temo que la pequeña no pueda crecer con el amor de una madre… Pero espero que ése mismo también sepas dárselo. Si no fuera bastarda, imagino que recibiría por nombre “Nymeria”… Es un bonito nombre. Nyzandro, te lo suplico, no dejes que nombrarse “Allyrion” le destroce la vida. Cuida de nuestra hija.
 
Akuvria.




NARRA EL REY NYZANDRO
 Han pasado dos años desde que la encontraron a las puertas del Palacio. Nymeria crece fuerte y animada, a pesar de la hostilidad que su madrastra siente hacia ella.
En efecto, pude apañármelas para llamarla Nymeria. Sin embargo, por obligación, no me quedó otra que ponerle de segundo nombre “Allyrion”. Al menos, podría presentarse como Nymeria únicamente.
Nadie en el Reino conoce la identidad de Nymeria, todos piensan que también es hija de mi esposa, la Reina Eisya. Mis consejeros me recomendaron ocultar su mestizaje al resto del pueblo, esto únicamente se sabe dentro de Palacio; de hecho, no pusieron impedimento en mi intención de llamarla Nymeria y ponerle Allyrion como segundo nombre. Allyrion es el nombre que, por ley, se les debe poner a los bastardos del Rey… Esta misma ley fue impuesta por un Rey que reinó hace siglos en Nyvjuria, debido a que las anteriores generaciones abusaron en cantidad de amantes y sobraban bastardos. Fue una forma de que los futuros reyes no cometieran esos errores y, aunque resulte raro, funcionó. Sólo un rey hasta ahora ha vuelto a tener un hijo de otra mujer que no se trata de su reina… Yo. Si el reino supiera esto, la “reputación” de su rey caería bajo y ya hay bastante disputa en el reino debido a unos rebeldes que van en contra de la dinastía H’ghar.
Fue muy difícil explicarle a Eisya la existencia de Nymeria, juraría que esto la ha afectado negativamente; la veo distinta y mira a Nymeria de una forma que me es imposible fiarme. Creo que está planeando algo para hacerle daño, a ella, a mí o a ambos. No sé, pero ando con pies de plomo.
A sus hermanos, sin embargo, no fue tan difícil explicárselo. Son muy inocentes aún, sólo les dije que tenían un nuevo lazo de sangre y lo aceptaron, tal cual. Nytia se lleva estupendamente con Nymeria pero Nymantis, mi primogénito, también parece desagradarle su existencia. Eisya vuelve a estar embarazada, espero que mi cuarto hijo se lleve bien con Nymeria. Supongo que, siguiendo la misma regla que sus hermanos, a este lo llamaré Nyvlion.




NYMERIA, DIECISÉIS AÑOS
Hoy es un día festivo en Nyvjuria en el que homenajeamos a nuestras madres por cuidarnos, querernos y criarnos todos estos años. Es una festividad en la que los hijos regalan algo a sus madres, ya sea hecho a mano o comprado –a gusto de cada uno-. Pensé en regalarle algo a mi madrastra, pero sé que no lo aceptaría y, de hacerlo, no lo haría de buena gana.
Siempre supe que era una bastarda, incluso siendo una niña, lo podía notar en el trato de la Reina y mi hermano Nymantis, o del servicio del Palacio inclusive. Gracias a mi padre y al resto de mis hermanos se me hacía más llevadero, mi padre siempre me trató como al resto de sus hijos. Y Allyrion jamás ha supuesto un problema real fuera del Palacio, ya que nadie era consciente de mis raíces.
Sin embargo, y aunque mi padre siempre se ha esforzado para ocupar ese lugar, añoro tener una madre. Una madre como la que tienen mis hermanos. De hecho, esa persona es lo más parecido que he conocido a una madre, a pesar de su trato hacia mí. Aún así, no podía culparla, yo era el fruto de la infidelidad de su marido; era la hija de su marido con otra persona. ¿Quién podría llevar bien algo así? ¿Quién podría, con sinceridad, tratar bien a una hija que no es suya? Alguien que nació de una traición… Pero no nos equivoquemos, esas serán mis raíces y no son muy bien vistas, pero las acepto. El origen de mi nacimiento, lo acepto, no me queda otra. De todas formas, siempre hay alguien en mi familia que me levanta el ánimo incluso sin darse cuenta; por ejemplo, uno de mis hermanos pequeños: Nyváe.
-¡Nymeria! –Hablando del Rey de Roma.
-¿Qué te pasa, Nyváe? ¿Y esas prisas? –Pregunté nada más verlo frente a mí con la respiración descontrolada.
-Quería enseñarte algo. –Comenzó a explicarme, a la par que alzaba una hoja de papel que llevaba en la mano. Se trataba de un dibujo. –Es esto. Es… El regalo para mamá, hice un dibujo de ella.
 
Nyváe era increíble dibujando. Siempre lo ha sido, aunque para él resulte algo vergonzoso porque, según él mismo, era “un arte muy femenino”. Nyváe, para sólo tener doce años, era bastante adulto; era serio, un poco frío con algunas personas, tranquilo… No le gustaba mucho el ruido ni el escándalo, pero es el hermano con el que mejor me he llevado siempre. “Mi hermano favorito”, por así decirlo, quizá porque ambos teníamos personalidades muy distintas.
-Está genial, Nyváe. –Comenté, aún observando el dibujo. No mentía, había dibujado a mi madrastra, a la Reina Eisya, y lo había hecho igual a ella. No podía encontrar ningún defecto en ninguna de sus facciones dibujadas. –Le encantará, seguro. –Sonreí.
-¿Seguro? ¿No es muy infantil? –Preguntó para asegurarse manteniendo en su cara una expresión totalmente seria. Quería que le diera mi más sincera opinión.
-Te lo digo totalmente en serio. –Le aseguré acariciándole la cabeza. –De todas maneras, Nyváe, sólo tienes doce años. Ni siquiera te acercas a la edad para adquirir forma humana, no está mal seguir siendo infantil. –Comenté.
-Lo sé… Pero no me gusta que me traten como a un niño, y lo sabes. –Contestó bajando la cabeza. Él sabía que tratar de crecer rápido sería en vano, pero era bastante consciente de su “lugar”. –De todas formas, cuando tenga diecinueve años, podré transformarme en humano. –Sonrió.
Los dragones de Nyvjuria nacemos dragones y crecemos igual. Una ley prohibió que adquiriéramos forma humana antes de los diecinueve años. ¿El “por qué”? Los nyvjurianos alcanzamos la mayoría de edad a los diecinueve; todo se debe a que, cuando cumplimos esos años, atravesamos una etapa corta de “pubertad” y estamos capacitados a transformarnos en humanos tantas veces como queramos sin que ello influya en nuestro poder. Es como una capacidad que nos viene sola, como una especie de madurez. Sin embargo, antes de los diecinueve, nuestro poder es algo limitado si comparamos a cuando somos mayores de edad; un dragón menor puede transformarse en humano, pero no debería… Hasta ahora, ningún dragón menor que se haya transformado en humano ha podido volver a ser un dragón, incluso su poder disminuye.
Por esto, mi padre decidió imponer directamente una ley que prohíba la metamorfosis en humanos en dragones menos de edad. Si algún dragón rompe esta ley, será penalizado con un encerramiento indefinido en los calabozos y posibilidad nula de recibir ayuda para recuperar su forma de dragón.




LA GUERRA CIVIL NYVJURIANA
Nyvjuria se trataba de un lugar pacífico y tranquilo, sin problemas ni económicos ni sociales –no muchos, al menos-. Si le preguntabas a cualquier habitante aquí cómo era vivir en Nyvjuria, te respondería algo positivo… O eso creía. Jamás pensé que parte de nuestra raza se sublevase contra la otra, siempre creí que los dragones éramos de las razas generalmente más inteligentes. Está claro que me equivocaba, y que está mal generalizar.
 
La causa era lo que más me preocupaba, a base de “espiar” al servicio pude enterarme de todo. Bueno, de todo lo relativamente importante. Al parecer, mi “secreto” había sido revelado a todo el reino; mis orígenes bastardos ya estaban en boca de todos. Recuerdo haber visto a mi padre furioso por esto, ya que se suponía que estaba prohibido que esa noticia saliera de Palacio y sólo lo sabían con certeza los más allegados.
No supimos quien fue el soplón en todo esto, todo el mundo dice que no ha sido. Y, sinceramente, los creía a todos… Mi padre no era mala persona, pero enfurecido cambiaba radicalmente; todo el mundo prefería respetar su palabra. Si descubre quién ha sido, es capaz de encerrarlo de por vida.
 
Nyvjuria, un lugar pacífico donde los dragones vivimos en paz, ahora estaba en guerra. Ni mis hermanos ni yo sabíamos qué pensar sobre ello, jamás vivimos una. Mi padre y mi madrastra eran los únicos que intentaban aliviarnos, decían que los del bando rebelde no durarían ni un asalto contra la Guardia Imperial. Sólo esperaba que fuese cierto.




LA LUNA AZUL
Jamás pensé que la guerra se alargaría tanto. Mi padre me juró que duraría una semana o, como mucho, un mes; me juró que vencerían de manera victoriosa en poco tiempo.
Pero fueron eso, meros juramentos y ninguno con pruebas o razones lo suficientemente convincentes como para calmarse. Me los creí únicamente porque era lo que quería oír, porque quería que alguien me dijera que no iba a pasar nada, para aliviarme.
Ahora, fuera de todo alivio, me encontraba huyendo con Nyváe. Llevamos un año en guerra incluyendo varios atentados al Palacio Imperial; por esos atentados, mi padre construyó un refugio a las afueras para nosotros. Nos dirigíamos al mismo cuando sufrimos una emboscada, al principio pensé que se trataban de bandidos pero, tras ver el emblema rebelde cosido a sus ropajes, di por hecho que no. Los asaltantes definitivamente conocían nuestra identidad, por eso nos atacaron sin esperarse a nada. Sólo pudimos escapar Nyváe y yo; en ese momento ansié tener forma humana para escapar con más facilidad. Los humanos tenían una estatura más pequeña y podían camuflarse con más facilidad, esa virtud era algo que los dragones de Nyvjuria no poseían… No, hasta los diecinueve.
 
-¡Rápido Nyváe! –Chillaba, mirando hacia atrás. No quería perderlo de vista, sólo pensar que pudieran atraparlo me ponía la piel de gallina. Sé que no podía exigirle ser tan rápido como alguien mayor, ni tener el mismo aguante, pero si se dejaba llevar por el cansancio nos terminarían atrapando.
Ni siquiera le exigí que respondiese a mis órdenes, eso sólo lograría dejarle aún más sin aliento.
-¡Espera Nymeria! –Escuché tras de mí, aquella súplica provenía de Nyváe, quien desaceleró el paso notablemente. Al girarme, vi que su mirada estaba centrada en el cielo y, en sus ojos, pude notar un resplandor azul. Decidí seguir la dirección de su mirada y di con aquello que llamó la atención de mi hermano… La Luna.
-¿Está…? ¿Azul? –Murmuré sin dirigirme a nadie, sentía que debía preguntarlo en voz alta para escucharme a mí misma.
Nos quedamos observando fijamente aquella Luna. Jamás la vi así, una Luna azul… ¿Sería algún fenómeno astronómico? ¿O incluso atmosférico? No sabía qué podía ser, ¡pero no podía preocuparme por eso ahora! ¡Nyváe y yo debíamos huir! ¡Ya podía escuchar a aquellos rebeldes persiguiéndonos!
Sin embargo, justo cuando iba a retomar la huida agarrando a mi hermano, algo impidió que me moviese. No sólo yo, Nyváe tampoco podía mover un solo músculo. Era como si estuviéramos petrificados; entonces sentimos una presión desmesurada que incluso nos tiró hacia abajo. No sabía cómo explicarlo, parecía que la gravedad había intensificado su efecto, ni siquiera podíamos erguirnos un poco.
-¿Ny-Nymeria? ¡¿Qué está pasando?! –Chilló mi hermano. No lo culpaba, yo también estaba asustada. Al menos, no éramos los únicos a los que les estaba pasando esto, el barullo que escuchaba proveniente de los bosques –posiblemente, aquellos rebeldes persiguiéndonos- cesó.
-No te preocupes, Nyváe. Seguramente se tratará de algún fenómeno extraño… –Respondí, obviamente, tratando de sonar convencida… Puesto que no lo estaba, en absoluto. Estaba tan asustada como Nyváe, puede que más, pero era la hermana mayor… Si Nyváe se sentía protegido por alguien, era por mí, y no quería que esa sensación desapareciera en él.
 
Entonces fue cuando la luz azul de la Luna parpadeó y, tras un terremoto, Nyváe y yo comenzamos a ascender hacia arriba. ¡¿La luna nos estaba atrayendo?!
-¡N-Nyváe! –Exclamé, girándome hacia mi hermano, quien ascendía junto a mí. Conseguí agarrarlo con la cola, no sabía qué estaba ocurriendo pero no dejaría que se alejara de mí.
 
No supe lo que ocurrió después… Mi hermano y yo perdimos el conocimiento.




LA DESAPARICIÓN DE NYMERIA Y NYVÁE (Narra la Reina Eisya)
-Ocurrió tal y como se lo contamos, Majestad. –Eso me aseguró… El Jefe de la Guardia Imperial de Palacio… Dudo que lo que me contó pudiera ser mentira.
-Tenéis que estar de broma… –Dijo otra voz, cuya dueña estaba agarrada a mi vestido como si la vida dependiera de ello. Era mi hija, la más pequeña, Nyrina.
-¡¿Qué queréis decir con que la Luna los ha devorado, eh?! –Chilló Nymantis, mi primogénito, tan incrédulo como todos nosotros.
-Se lo juramos, mis señores. Tras acudir nosotros en vuestra ayuda y derrotar a aquellos rebeldes, nos dispusimos a encontrar a la Princesa Nymeria y al Príncipe Nyváe… Y los encontramos pero, de repente, algo cambió en la atmósfera. Se nos hizo imposible movernos y, en cuanto aquello pasó, algo cambió en la Luna. Su extraña luz azulada seguía igual pero, tras un parpadeo… Los Príncipes comenzaron a ascender hacia ella y la Luna los devoró. Ocurrió exactamente como lo explico. –Volvió a asegurar, lo cual sólo provocó que mi cuerpo tuviese más escalofríos.
 
Habían desaparecido sin dejar rastro. Nyváe y Nymeria habían sido engullidos por la Luna… ¿Cómo…? ¿Cómo voy a contarle esto a Nyzandro? ¿Cómo? Me ordenó cuidar de la familia, incluyendo a Nymeria… Nymeria… Qué ironía… Ahora que ha desaparecido, es cuando siento su pérdida como la de mi verdadera hija. Sólo espero que, estén donde estén, se cuiden mutuamente hasta que demos con la forma de encontrarlos.




EL DESPERTAR (Narración en 3ª persona)
En algunos países de la Tierra ya era verano, el cambio de las estaciones se hacía notar sobre todo por su color. En Austria, por ejemplo, ya estaban en aquella época veraniega donde lo que más destacaba era el calor predominante; además de aquellas desastrosas tormentas de verano, pocas veces ocurrían pero, cuando acontecían, solían ser desastrosas.
Para la mayoría, el verano simbolizaba la alegría, el buen humor y la diversión. Sin embargo, hacía tiempo que para muchos, ese buen ambiente no se respiraba. En Austria había acontecido algo extraordinario, tan extraordinario como catastrófico. La Luna Azul. Un fenómeno que atraía a gente de otros lugares totalmente diferentes al mundo que conocemos, y seguirá haciéndolo sin poder ver el fin todavía. Es más, la noche anterior acababa de ocurrir ese mismo fenómeno y la Luna había traído nuevos forasteros.
Nymeria Allyrion H’ghar estaba despertándose horas después de ese suceso.
-¿Mm…? –Gruñó, algo remolona, sin tener ganas de despertar. Se sentía ligeramente aturdida. -¿Desde cuándo hace tanto sol en Nyvjuria…? –Murmuró para sí misma. Una vez consiguió abrir los ojos y acostumbrarse a los fuertes rayos de sol, observó a su alrededor que nada le era familiar. –Pero qué…  ¿Dónde…? ¡Ah! –Exclamó. Cuando consiguió despejar la cabeza y distinguir la realidad del mundo de Morfeo, pudo recordarlo todo. La guerra, el traslado, la persecución, la huida, la Luna Azul… –No me digas… que aquello pasó de verdad… –Y a su hermano.– ¡Cielos! ¡Nyváe! ¡¡Nyváe!! –Miró a su alrededor y, sin hacer caso a las personas desconocidas, sólo tenía en mente encontrar a su hermano mas no llegó ni siquiera a verlo. Estaba totalmente segura de que viajó con él, recordaba perfectamente cómo se agarró al pequeño cuerpo de Nyváe cuando la Luna empezó a tragárselos…
Y no era sólo eso, había algo más extraño. ¿Desde cuándo Nymeria tenía forma humana? Aquella joven dragona sólo tenía diecisiete años, ¿cómo es posible que adquiriera forma humana si no era mayor de edad? Ni siquiera era capaz de levantarse; cada vez que lo intentaba, caía al suelo. Ni que decir tenía que no sabía cómo andar con piernas humanas… ¿Sería cosa de la Luna? ¿Cómo demonios encontraría a Nyváe entonces?




¿EL PLANETA TIERRA?
Hace un mes que ocurrió aquel… increíble suceso. Me encontraron arrastrándome, desesperada, haría lo que fuera por encontrar a Nyváe incluso con el sentido de la orientación totalmente perdido, como en ese momento. Aún ahora seguía sin saber cómo caminar; de hecho, me llevaban o con una silla de ruedas o en brazos. Por eso quería aprender a caminar cuanto antes, básicamente no paraba de practicar cuando había poca gente… No pensé que fuese tan difícil manejar un cuerpo humano, aunque tal vez el problema era yo.
Cuando me encontraron, me llevaron rápidamente con un grupo grande de gente que, al parecer, también provenían de otros lugares y también fueron traídos por la Luna. Cuando lo supe no pude evitarlo, me sentí irremediablemente aliviada; cuantos más tuviéramos ese problema, más seríamos para intentar solucionarlo. Aquel grupo grande de gente se dividía en otros “mini-grupos” según la raza que tenían; obviamente, a mí me llevaron con los dragones. El líder de los dragones se llamaba Kaldhur Midzhar, sinceramente… Sentía que imponía mucho, me costó hablar con él para que me explicase lo que ocurría. Sigo sin atreverme, de hecho.
Me explicaron entonces cómo llegué aquí; lo que ocurre con la Luna Azul; que estaba en el planeta Tierra del Sistema Solar y que el mismo era habitado por humanos y otras especies; que ingresaría en un colegio llamado, irónicamente, “Blue Moon Academy”; que no era la única a la que le sucedió eso y que no encontraron rastro del “hermano que dije que vino conmigo”. Me puse histérica cuando me tomaron prácticamente por loca, sólo porque no lo pudieron encontrar no significaba que no estuviera. Mi principal prioridad ahora es aprender a caminar debidamente, al menos para desplazarme a mi antojo, ya que sigo sin saber por qué pero… tampoco puedo volver a mi forma de dragón.




BLUE MOON ACADEMY
Tal y como dijeron que haría, ingresé en aquella extraña academia. Estaba repleta de gente, más gente que la que había en los grupos de los que vinimos por la Luna Azul. Supuse que era normal; es decir, era una academia, lo normal es que hubiera mucha gente en ella –tanto alumnos como profesores, vigilantes y esas cosas-.
 
Más o menos he aprendido a caminar, al menos lo suficiente para no tener a nadie que me tuviese que llevar. Aún así, a veces me tenían que vigilar porque tropezaba con mis propios pies. Sí… Tenía las piernas repletas de moratones, a veces me daba la impresión de que se reían a mis espaldas. De ser así, era normal, pues creo que era la única que cambió a su forma humana y no sabía manejar su propio cuerpo. Hasta a mí me hacía reír. Me resultaría más gracioso si las prisas por aprender a caminar no fuesen para encontrar a Nyváe.
No lo encontraron y no se volvieron a molestar en buscar a alguien que piensan que no existe, la mayoría me decía que quizá no vino conmigo y se quedó en Nyvjuria. Era una hipótesis que me resultaba del todo imposible, la fuerza con la que me agarré a él en el momento en que la Luna comenzó a elevarnos fue toda la que tenía. Antes morir que soltar a mi hermano y dejarlo solo con aquellos rebeldes que nos perseguían.
 
En cuanto a esta Academia… Pues no está mal. Aún no estoy acostumbrada, prácticamente era como si mi familia se hubiera mudado y yo me hubiera cambiado de colegio, pero podría soportarlo. Por lo pronto la gente, al menos, es simpática; siempre habrá alguna persona que me desagrade pero, por ahora, no las he encontrado –y espero no encontrarlas o, en su defecto, tardar en hacerlo y que sean pocas-.




ACTUALIDAD
Ha pasado un año desde aquel dichoso fenómeno. Aparentemente nada ha cambiado en esta Academia a excepción de la gente, que salían y entraban nuevos alumnos y alumnas.
En lo que a mí respecta, he cumplido ya dieciocho años. Con ayuda de varias personas –muy amables- conseguí aprender a caminar sin tener que depender de nadie definitivamente –aunque a veces me tropezaba y caía, pero eso ya era mera torpeza-; al igual que pude comprobar que mis poderes y habilidades seguían estando ahí. En el momento en que confirmé que así era, me alivié muchísimo… Era buena señal, significaba que podía volver a transformarme en dragón aunque aún no supiera –o pudiera- cómo hacerlo.
 
Sin embargo… De todo lo que ha acontecido en este extraño y ajetreado año, sólo uno de los hechos me ha alegrado realmente. Una vez pude apañármelas yo sola para caminar, fui al lugar donde me encontraron para buscar a Nyváe o, al menos, pistas sobre él.
¿Os entristecería si os dijera que no encontré nada? Pues tranquilos… Sí que encontré algo. Entre un montón de tierra y hierbajos di con un colgante igual que el mío. Era un colgante con forma rectangular hecho de nyvrio, un material que sólo se encuentra en Nyvjuria –aunque, por lo que he oído, es muy similar a un mineral de la Tierra. Creo que se llama aguamarina o algo así-, ese mineral es algo escaso y muy valioso en Nyvjuria y esos colgantes sólo lo poseían los hijos directos del Rey de Nyvjuria. Los cuales, excluyéndome a mí, somos Nymantis, Nytia, Nyrina, Nyvlion y… Nyváe. Sólo había, en total, seis colgantes de esos por los seis hijos del Rey. Yo aún llevo el mío colgando de mi cuello así que… El que me encontré sólo puede pertenecer a Nyváe quien, efectivamente, viajó conmigo aquí.
Cuando volví a la academia se lo enseñé al líder de los dragones, no serviría para nada pero al menos sabrían que no me confundí con nada ni con nadie. Y mucho menos que estaba loca. Que lo estaba, pero no de esa forma.
 
Ahora, al menos, puedo andar de buen humor por la academia. Sé que mi hermano está aquí… Sólo me queda encontrarlo.




Gustos

-Aunque todo en ella indique que le gusta el azul, en realidad adora el color rojo. De hecho, cuando se enteró que estaría en ese dormitorio se emocionó.
-Darse baños de espuma.
-Se siente cómoda en el frío.
-Leer cualquier libro bajo la sombra mientras se toma algo fresco.
-Practicar su “magia”.
-Socializar y conocer más gente.
-Los caramelos de sabores –aunque se incluyen los de menta-.
-El olor de la lluvia y su sonido al caer.
-Las personas que son fieles a sí mismas y que dan lo mejor de sí mismas para superar cualquier obstáculo.
-Conseguir lo que quiere.
-Jugar a videojuegos.
-Usar perfume.



Disgustos

-Los olores fuertes (tipo amoníaco). Es más, para escoger sus perfumes es muy observadora y cuidadosa; le gusta usar perfume pero el mismo tiene que gustarle mucho no, demasiado.
-Las gominolas, le dan dolor de muelas.
-Los ruidos molestos y fuertes (como el de una moto al arrancar su motor o una radio con el volumen –lo que ella considera excesivamente- alto o los griteríos de una o varias personas inclusive).
-Suele disgustarse cuando una persona, en algún problema o situación complicada, no hace lo correcto aún sabiéndolo. Le suele dar algo de rabia porque, para ella, resulta tan evidente lo que se debería hacer que se sulfura.
-Las personas con tendencia a no esforzarse absolutamente en nada.
-Los chulos/pijos de mierd* que piensan que valen más que nadie y que el dinero maneja el mundo y las personas.
-Levantarse en mitad de la noche –sin importar el motivo-, eso la desvela.
-Tiene mal despertar, siempre, no hay día que sea una excepción. Cuando está recién levantada, te lanza una mirada asesina que te advierte dos cosas: “no me hables” y “no te acerques a mí”.
-Ese mal despertar lo tiene tanto cuando se despierta ella como cuando la despiertan otros. Ergo, cuando la despiertan otros (y más si es un día festivo en el que podría quedarse durmiendo hasta tarde), se incrementa ese mal despertar. A veces puede incluso cabrearse.
-Pasar calor.
-Sudar.



Poderes

Tiene un control y manejo completo sobre el agua elemento. Puede volverlo de estado líquido a gaseoso y viceversa; también lo usa para atacar. Cuando está en su forma de dragón, ese poder lo escupe por la boca; pero cuando está en su forma humana, lo maneja con sus propias manos.
La principal debilidad es que Nymeria, al haber nacido en Nyvjuria (un planeta formado total y completamente por hielo y agua), no soporta las altas temperaturas. Cuando es verano, por ejemplo, ni siquiera puede usar su poder por el calor en sí. Por tanto, el fuego resultaría también una debilidad. Tampoco puede pasar el agua/hielo a estado gaseoso.



Anexos

-Es costumbre/tradición que los nombres de los hijos del Rey comiencen por la sílaba Ny o Nyv, que en nyjuriano significa "agua" (Así pues están: Nymantis, Nytia, Nymeria, Nyvlion, Nyváe y Nyrina).
-Nymeria sólo se presenta como Nymeria A. H'ghar o Nymeria H'ghar, prefiere no tener que dar su segundo nombre para evitar explicaciones.
-Nadie en el Reino de Nyvjuria sabe que Nymeria es bastarda, piensan que también es hija de la Reina Eisya.
-La Reina Eisya y el Príncipe Nymantis son los únicos que llevan una relación hostil con Nymeria.
-Nyváe es el "hermano favorito" de Nymeria porque es con quien mejor se lleva.
-Nyváe y Nymeria llegan juntos a la Tierra a través del portal de la Luna Azul. Nyváe piensa que viajó él solo, así que no sabe que Nymeria también está en la Tierra.
-Nyvjuria entró en guerra cuando Nymeria tenía diecisiete años. El motivo de la guerra fue que, desde hace años, existía un bando (el bando del antiguo y sanguinario Rey) en contra de la Dinastía H'ghar y que soñaba con que volviera el antiguo Rey al trono; alguien reveló el secreto del origen de Nymeria y el bando rebelde lo usó como excusa para declarar la guerra que tanto tiempo añoraban.
-No sabe por qué llegó a la Tierra en forma de humana ni por qué no puede volver a tomar forma de dragón, pero sospecha que quizá la Luna pueda tener algo que ver.
-El Rey Nyzandro le puso cada nombre a sus hijos jugando con las palabras y según el orden en el que nacieron. El nombre de cada uno significa:
·Nymantis: Ny (proviene de “nyv”, que en nyvjuriano significa “agua”) + Mantis (en nyvjuriano significa “primero/a”). Lit. “Primeras Aguas”.
·Nytia: Ny + Tia. Lit. “Segundas Aguas”.
·Nymeria: Ny + Meria. Lit. “Terceras Aguas”.
·Nyvlion: Nyv + Vlion. Lit. “Cuartas Aguas”.
·Nyváe: Nyv + Váe (suprimieron una “V”). Lit. “Quintas Aguas”.
·Nyrina: Ny + Rina. Lit. “Sextas Aguas”.



Nombre real del físico
Ion Tsuburagi.


Anime/manga, Videojuego, Cómic, Novela gráfica de donde procede
I·O·N (Manga)


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"Every seven months appears blue moon"




P.D: Iba a poner la historia en spoiler, pero el nuevo foroactivo es un troll y no lo cierra en condiciones(?) e_E
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Mensaje por Ryuu el Miér Jun 19, 2013 10:26 pm
Ficha Aceptada.


Me encanta tu historia...

Si nadie quiere hacer a Nyváe, me ofrezco perdidamente para el puesto (?)

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